1 de octubre: echar la vista atrás

Una de las cosas que me motivaron a hacer este blog, para recoger mis pensamientos, críticas, sensaciones, enfados, indignaciones,  malestares o todo lo que queráis decir, era para poder recordar.

El ser humano (quienes lo sean, no todos) tiene la memoria muy frágil, no se acuerda de lo que hicieron ayer.

Ahora pensamos en la segunda ola. En las amenazas que hemos recibido los padres por ser padres. En las obligaciones con nuestros hijos. En cómo me cuesta cada día más en llegar a final de mes… pero al principio era diferente.

Las sensaciones eran muy diferentes. Nunca jamás en mi vida olvidaré el único día que repartí comida en plena pandemia con la plataforma UBER. No olvido ni los establecimientos, ni los clientes que recibieron la comida. Ni el bocadillo, ni el sushi ni las pizzas.

Y han pasado 5 meses. Y aún recuerdo las rutas que hice, la salsa derramada por que estaba mal cerrada en el sushi, la policía registrando mi moto en el control (sólo faltaba el perro para oler la droga),  cómo lo solucioné y el abandono. Eso no cambia.

La sensación de abandono. De la empresa que no hay nadie a la otra parte del teléfono, del malestar, de las malas contestaciones de las pizzeria y del sushi, todos muy bordes, que piensan que eres un inconsciente o un subnormal o algo peor  por trabajar.

Yo sólo pensaba en poder llegar a fin de mes. Pero las sensaciones de ese día fueron tan fuertes, mi corazón latió tantas veces tan rápido, que fui incapaz de volver a hacerlo durante la pandemia. Después sí lo hago, bastante habitualmente.

Fueron 3 o 4 horas que jamás olvidaré.

Si miráis para atrás en los posts, veréis que reivindico el papel de los riders, los chavales y chavalas que se jugaron la vida, muchos de ellos en una bicicleta, con el esfuerzo de sus piernas, con el sudor de su frente, que nadie se ha acordado de ellos.

Los que antes fueron héroes, ahora son médicos y enfermeras normales,  que las estamos transformando en villanos.

Mirad si nuestra memoria es corta. Tantos meses salistéis a las 8 para aplaudir (yo ya expliqué que no, con todo lo que me encontraba en la calle) y ahora a los que iban dirigidos vuestros aplausos les insultáis, les amenazáis y los habéis convertido en villanos.

Por suerte yo puedo recordar lo que escribí aquí, lo blanco sobre negro. No se borrará. Y si puedo, mantendré este blog hasta que me muera. (si he de elegir entre pan para mis hijos o el blog, lógicamente el motor de mi vida son mis hijos).

Yo ya no temo a la muerte. Temo el abandonar a mis hijos pequeños, temo a que no puedan vivir dignamente, temo a que la administración nos está abandonando, temo a que pasen hambre (como muchas familias ya les está pasando)  temo muchas cosas, pero no a la muerte.

Después de lo que hemos vivido, no hay que temer a la muerte pero sí respetar y valorar mucho más la vida de lo que lo hacemos.

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